viernes, 22 de abril de 2011

Los herederos de la Tierra (V)

Hoy quiero sumarme al día de la Tierra con un cuento sobre nuestra casa, nuestro único hogar, o lo que puede llegar a ser. Hay muchos que piensan que los grandes problemas de la humanidad y de este planeta deben solucionarlo los dirigentes de las naciones poderosas del mundo, los poderes fácticos civiles o religiosos, que la ciencia puede encontrar soluciones, pero esto es un autoengaño para seguir viviendo como si nada pasara, como si fuéramos eternos y nuestros actos no tuvieran consecuencias o se diluyeran en la inmensidad del tiempo y el espacio. Quizás podemos decir (o pensar) que no puede ser tan grave si no aparece en televisión o no nos informan de ello por medios oficiales. Hay otros que confían (egoísta e ingenuamente) que, de pasar algo, no ocurrirá en una vida, pero me temo que los tiempos se acortan más rápido de lo nadie puede imaginar.

Es un cuento reeditado, pero que creo cumple uno de los objetivos de esta celebración: hacer reflexionar.

miércoles, 20 de abril de 2011

Héroes sin tumbas

Este es mi primer micro-relato, leedlo con indulgencia.

Todos apretujados en aquel enorme congelador. Millones de dólares invertidos y la calefacción falla no una, sino dos veces en una semana. Sabíamos que si no llegaba pronto el repuesto estaríamos todos muertos en pocos días. La temperatura había bajado tanto que tuvimos que ponernos los trajes, lo que hacía penosa y lenta cualquier actividad cotidiana.
...

- ¿Cómo que el Challenger ha explotado?. ¡Y a muerto toda la tripulación!. ¡Qué horror!. Ese fue el trasbordador que nos trajo “aquí”, en su décima misión...
...

- ¡Mierda!. ¡Que frío hace!. Seguro que se ha vuelto a romper la calefacción.

FOTO: La Tierra desde el Apolo 17. Autor: NASA. Banco de imágenes del Instituto Astrofísico de Canarias. http://www.bia.iac.es/imagenes.php?id_cat=3&id=7&img=102

Cómo el relato es bastante triste, os dejo un poquito de música para animar los corazones.



martes, 12 de abril de 2011

Vértigo

Había ido aquella noche a contemplar aquel espectáculo tan hermoso como extraño. Sabía que no duraría más allá de unos pocos días: ver brillar el lago con millones de seres luminiscentes era algo que no ocurría todos los días.

Montó el trípode y ajustó la cámara con el dispositivo de disparo automático programado en modo secuencial cada 30 segundos. Se acomodó en su tumbona playera como si se dispusiera a tomar el sol y se relajó con la visión del cielo estrellado.

La noche era perfecta.

Cerró los ojos por un instante... un ruido lo sobresaltó, retumbo en su cabeza como un cañonazo. Con los ojos abiertos de par en par busco su origen, pero el cuerpo no le respondía, no podía moverse,...¡estaba paralizado!.