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Mostrando entradas de febrero, 2011

Los herederos de la Tierra (III)

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¿EL ORO NEGRO ES MÁS VALIOSO QUE LA SANGRE ROJA?
Hay algo que en estos días me está revolviendo las entrañas: nuestro gobierno español, la Unión Europea y en general los países del "primer mundo" están hablando primero de garantizar el suministro de petróleo que peligra por el conflicto de Libia antes de condenar la situación de pre-guerra y genocidio de una población desarmada que busca tener más libertad, más democracia.

Los colores del alma

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Eloisa se sentaba cada mañana en aquella mesa del rincón de la gran sala donde los niños jugaban. Adrián, el psicólogo del orfanato, nunca la había visto sonreír desde que llegara, un día lluvioso de febrero, pocas semanas después de la muerte de sus padres en el gran terremoto que sufrió el país. Tenía cinco añitos y sabía que con esa edad sería muy difícil que la adoptaran.
Esa mañana le había traído un regalo. Se acercó y puso ante la niña un cuaderno de dibujo y una caja grande de rotuladores de colores. La niña lo miró. Su pena se derramaba seca por sus pequeños ojitos azules y desgarraba el alma de cualquiera que la mirara.
- ¿Quieres pintar Eloisa? – le preguntó con un nudo en la garganta.
Ella no dijo nada, ningún gesto apareció en su rostro. Abrió la caja y se puso a pintar, en silencio, garabatos de colores sobre aquella cuartilla blanca. Cuando terminó, Adrián se acercó nuevamente a ella. Maravillado, pudo contemplar uno de los dibujos más hermosos que había visto nunca en un …

Los olores de la vida

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El vuelo había sido largo, pero no había tiempo para descansar. Nada más salir del avión me había dirigido junto al jefe, Hidalgo, al lugar de trabajo. Encontramos todo patas arriba y ya llevaba más de 12 horas jugando a mi juego favorito. Estaba entrenado para estas situaciones y, aunque ya se me consideraban viejo para aquella tarea, estaba casi sordo de un oído a causa de un accidente el año anterior y mi vista ya no era la de otros tiempos, seguía siendo el mejor.
Las ordenes debían ser precisas y claras, la compenetración con Hidalgo debía ser máxima para obtener los resultados que todos estaban esperando.
Había muchas interferencias que dificultaban una concentración adecuada, pero en todos estos años me habían enseñado a centrarme en el objetivo, debía buscar los indicios y seguir la pista hasta que mi sentido más desarrollado detectara las huellas de la vida. A veces era orín o defecaciones recientes, otras sudor o sangre.